El Americano

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A Newman se le antojó una propuesta atractiva, y las propuestas así siempre tocaban el venero de su buen carácter. Le dijo a madame de Bellegarde que tendría mucho gusto en venir el día 25 o cualquier otro día, y que importaba bien poco si conocía a sus amigos en casa de ella o en la suya propia. He dicho que Newman era observador, pero hay que admitir que en esta ocasión no llegó a reparar en una sutil mirada que se cruzó entre madame de Bellegarde y el marqués, y que podemos suponer que era un comentario sobre la inocencia de la que hacía gala esta última cláusula de su discurso.

Esa tarde, Valentin de Bellegarde acompañó dando un paseo a Newman, y una vez se hallaron a cierta distancia de la Rue de l’Université dijo con tono reflexivo:

—Mi madre es muy fuerte… muy fuerte —entonces, a modo de respuesta a un ademán interrogador de Newman, continuó—: Estaba entre la espada y la pared, pero nadie lo habría dicho. Su fête del 25 ha sido un invento improvisado. No tenía el menor propósito de dar una fête, pero, al ver que era la única manera de escapar a su propuesta, ha mirado la píldora de frente (disculpe la expresión) y la ha engullido, como ha podido ver usted, sin pestañear. Es muy fuerte.


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