El Americano
El Americano —Ya le dije que era sorprendente —proclamó este infatigable observador—, y su manera de ingeniárselas en esta hazaña asà lo demuestra. Ha tenido otras oportunidades, pero estaba decidida a aprovechar la mejor. Durante un tiempo, le hizo el honor de pensar que quizá fuera usted esa oportunidad. No lo era, de modo que hizo acopio de paciencia y esperó un poco más. La oportunidad por fin le salió al paso, y jugó su baza con los ojos bien abiertos. Estoy completamente seguro de que no tenÃa ninguna inocencia que perder, pero sà toda su respetabilidad. Por mucho que usted la considerase una dudosa damisela, se habÃa agarrado firmemente a eso; era imposible probar nada en su contra, y estaba resuelta a impedir que su reputación desapareciese antes de haber conseguido algo que le compensase. Respecto a la compensación tenÃa ideas elevadas. Al parecer, su ideal se ha cumplido. Tiene cincuenta años, es calvo y sordo, pero es muy desenvuelto con el dinero.
—Y ¿dónde demonios —preguntó Newman— ha recogido usted esta valiosa información?