El Americano
El Americano —Me sumo a usted en la posesión de este triste honor —dijo el caballero—. Me puse al servicio de monsieur de Bellegarde en este pesaroso lance, junto con monsieur de Grosjoyaux, que está ahora junto a su cabecera. Tengo entendido que monsieur de Grosjoyaux tuvo el honor de conocerle a usted en ParÃs, pero como es mejor enfermero que yo se ha quedado con nuestro pobre amigo. Bellegarde ha estado aguardándole con impaciencia.
—Y ¿cómo está Bellegarde? —dijo Newman—. ¿Fue herido de gravedad?
—El doctor le ha desahuciado; trajimos a un médico con nosotros. Pero morirá con la mejor de las disposiciones. Anoche mandé llamar al curé de la aldea francesa más cercana, y estuvo una hora con él. El curé se quedó bastante satisfecho.
—¡Que Dios nos perdone! —gimió Newman—. ¡PreferirÃa que estuviese satisfecho el doctor! ¿Y puede verme… me reconocerá?