El Americano
El Americano —Siento no tener nada mejor que contarle de ellos —prosiguió Newman—. Pero no es culpa mÃa. Estaba, en efecto, muy triste cuando me llegó su telegrama; me sentÃa apaleado. ImagÃnese si me siento mejor ahora.
Valentin soltó un gemido entrecortado, como si su herida estuviese palpitando.
—¡Han faltado a su palabra, han faltado a su palabra! —murmuró—. Y mi hermana… ¿mi hermana?
—Su hermana está muy triste; ha accedido a renunciar a mÃ. No sé por qué. No sé qué es lo que le han hecho; tiene que ser algo bastante horrible. Por hacerle justicia a su hermana, debe usted saberlo. La han hecho sufrir. ¡No la he visto a solas, sino solamente con ellos delante! Ayer por la mañana tuvimos una reunión. Lo soltaron todo, sin morderse la lengua. Me dijeron que me metiese en mis cosas. Me da la impresión de que es muy mal asunto. Estoy enfadado, estoy dolido, siento náuseas.