La Copa Dorada
La Copa Dorada —El peligro… Ahora lo comprendo… Es usted supersticioso.
—Per Dio! ¡Una grieta es una grieta, y un augurio es un augurio!
—¿Tiene miedo?
—Per Bacco!
—¿Teme por su felicidad?
—Temo por mi felicidad.
—¿Por su seguridad?
—Por mi seguridad.
Charlotte hizo una pausa y añadió:
—¿Por su matrimonio?
—Por mi matrimonio. Por todo.
Después de pensar durante unos instantes, Charlotte dijo:
—¡Agradezcamos, pues, que, caso de que realmente haya una grieta, lo sepamos! Lo importante es que no seamos destruidos por grietas cuya existencia ignoramos.
Sonriendo con tristeza, Charlotte observó:
—Jamás podremos regalarnos nada el uno al otro.
El PrÃncipe, tras de pensar un rato, dio la pertinente réplica a estas palabras:
—Las taras se ven. Por lo menos yo las percibo instintivamente. No me equivoco nunca. Esta facultad siempre me protegerá.