La Copa Dorada
La Copa Dorada Tanto si el coronel lo hizo con esa intención como si no, lo cierto es que la brusquedad de sus palabras tuvo la virtud de obligar a Fanny a volver la cara y mirar a su marido. Fue un golpe que le hizo perder el equilibrio, un golpe que la dejó de repente sin su recién adquirida seguridad. Fanny Assingham dijo:
—¿Es que no piensas lo mismo? ¿Realmente crees que hay algo entre los dos?
El movimiento efectuado por ella obligó a su marido, una vez más, a echarse hacia atrás. Aquel avance anterior le habÃa hecho sentir la alta temperatura del tema abordado. El coronel dijo:
—Quizá lo único que Charlotte haga sea mostrar al PrÃncipe lo mucho que le deja en paz. SÃ, mostrárselo todos los dÃas.
—¿Y acaso fue eso lo que Charlotte mostró al PrÃncipe cuando le esperó en la escalinata de la manera que tú me has dicho? —¿En verdad te dije la manera como le esperó?
Evidentemente por falta de costumbre el coronel apenas podÃa reconocerse a sà mismo en aquella acusación.