La Copa Dorada
La Copa Dorada —SÃ, por una vez en la vida. En aquellas pocas palabras que intercambiamos, después de haberlos observado mientras subÃan la escalinata, algo me dijiste de lo que habÃas visto. No me dijiste gran cosa, claro está; eso jamás lo harÃas, aunque te fuera la vida en ello. Pero pude darme cuenta de que, por muy extraño que parezca, quedaste impresionado; en consecuencia, pensé que forzosamente tuvo que ocurrir algo extraordinario para que tú lo mencionaras.
Ahora Fanny Assingham lanzó un ataque frontal contra su marido, ante quien habÃa esgrimido su demostrada percepción en aquel caso concreto, debido a que en su inseguridad necesitaba sacar el debido fruto de ella. Ahora se daba cuenta, incluso con más claridad que en el momento de los hechos, de que su marido habÃa quedado impresionado por algo; sÃ, incluso él, pobre hombre, habÃa quedado impresionado. Y para que esto ocurriera, para que pudiera impresionarle, era realmente preciso que fuese muy gordo. Fanny intentó acorralarle, atacarle hasta obligarle a rendirse, para que le dijera sencillamente la verdad, cuyo valor radicarÃa precisamente en la sencillez, verdad que una vez conseguida Fanny conservarÃa para ulterior referencia, sin perder ni un matiz de la misma. Fanny dijo: