La Copa Dorada
La Copa Dorada —Vamos, vamos, querido, que algo pensabas. Después de haber visto lo que viste, no pudiste resistir la tentación de pensar un poco. Sólo te pido que me digas lo que pensaste. En esta ocasión, tus ideas valen tanto como las mÃas y, cuando hables, no podrás acusarme, como de costumbre, de ser sólo yo quien imagina cosas. Ahora sabes más que yo. Te encuentras en un punto más avanzado y yo sigo en el mismo punto. Pero me doy cuenta de cuál es el punto en que te encuentras, y mucho te agradeceré que me sitúes en él. Lo único que quiero es que me des una point de repère fuera de mà misma, y asà podré meditar, meditar lo que tú me digas.