La Copa Dorada
La Copa Dorada —Ciertamente, a mi parecer lo son.
—Pues más te lo parecerÃan si más supieras. Pero no sabes porque no ves. Su situación es demasiado extraordinaria.
Esto último, a juzgar por el tono de las palabras de la señora Assingham, era lo que el coronel no veÃa, pero se mostró dispuesto a intentarlo:
—¿«Demasiado»?
—Demasiado extraordinaria para que pueda creerse, querÃa decir. SÃ, cuando uno no ve. Pero precisamente esto, en cierta manera, es lo que los salva. Lo toman seriamente.
El coronel seguÃa, a su aire, el raciocinio de su mujer:
—¿Su situación?
—La parte increÃble de su situación. La convierten en verosÃmil.
—¿Quieres decir verosÃmil para ti?
Fanny Assingham volvió a mirarle en silencio durante un rato. Por fin, dijo:
—Creen en sà mismos. Aceptan la realidad tal como es. Y esto los salva.
—Pero si la realidad tal como es constituye precisamente su oportunidad para…