La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Y de qué vas a protegerlos? Según tus muy sólidas y actuales creencias, no han hecho nada que los ponga en peligro.
Realmente, en esta ocasión el coronel casi consiguió que su cónyuge se tambaleara. La señora Assingham repuso:
—Bueno, pues de un súbito sobresalto. Quiero decir de la alarma de lo que Maggie pueda pensar.
—Bueno, pero si toda tu idea consiste en que Maggie no piensa…
Una vez más, Fanny Assingham esperó un poco antes de contestar:
—Esto no es toda mi idea. Nada hay que sea toda mi idea. Sí, porque, como te he dicho, hoy he percibido que es mucho lo que hay en el ambiente.
Secamente, el coronel dijo:
—Ah, bueno, en el ambiente.
—Lo que hay en el ambiente siempre acaba materializándose, ¿o no?
Luego, prosiguió:
—Y Maggie es una personita dotada de gran curiosidad. Como sea que esta tarde estaba yo «lanzada» a ver más de lo que había visto en cualquier otro momento, pues bien, también he visto algo con mayor claridad que nunca, debido a cierta razón.
—¿A cierta razón? ¿Qué razón?