La Copa Dorada
La Copa Dorada Maggie sonrió, como siempre solÃa hacerlo y dijo:
—Vendrán solemnemente para despedirse con todas las formalidades. Siempre hacen lo que hay que hacer. Mañana se van a Southampton.
Estas palabras motivaron que el PrÃncipe preguntara:
—Si siempre hacen lo que hay que hacer, ¿por qué no vienen a almorzar, por lo menos?
Ella vaciló, pero halló con notable facilidad la respuesta adecuada:
—Desde luego tenemos que invitarles a almorzar. Te costará poco hacerlo. Pero hay que tener en cuenta que tienen infinitos compromisos y cosas que hacer.
—¿Tantos compromisos tienen que tu padre no puede dedicarte su última noche en Inglaterra?
Le fue más difÃcil dar contestación a esta pregunta. Sin embargo, también halló una salida:
—Probablemente eso es lo que nos propondrán, que vayamos a algún lugar los cuatro, aunque para redondear la fiesta, también tendrÃan que asistir Fanny y el coronel. No quieren que vengan a tomar el té, y Charlotte lo dice claramente, los quitan de en medio, a los pobrecillos, se desembarazan de ellos de antemano. Quieren estar a solas con nosotros.
Maggie guardó silencio unos instantes y prosiguió: