La Copa Dorada
La Copa Dorada Luego, por la tarde, las caracterÃsticas que tuvo la reunión de los dos fueron, dicho sea sin exagerar, notables. ParecÃa que allÃ, en el gran salón que miraba a oriente estuvieran consultando notas o templando los nervios aprensivamente, ante la perspectiva de una rÃgida visita oficial. Mentalmente, en su inquietud, Maggie incluso se burlaba un poco de la ocasión. La fresca estancia de alto techo, en la sombra de la tarde, con los antiguos tapices al descubierto, con el perfecto brillo del amplio suelo reflejando los jarrones con flores, la mesa del té preparada con la plata y los manteles, motivaron que Maggie hiciera una observación en la que quedó reflejado el efecto general que la estancia producÃa, asà como algo que se daba en el modo en que el PrÃncipe se movÃa, yendo de un lado para otro:
—¡Somos inconfundiblemente bourgeois!