La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Recuerdas que esta mañana, cuando me hablaste de esta visita, te he preguntado si deseabas que hiciera algo especial? Me has dicho que procurase estar en casa, pero esto se daba por supuesto.
Hizo una pausa, mientras la Princesa le miraba con el libro sobre una rodilla y la cabeza alzada. El PrÃncipe prosiguió:
—Me has hablado de otra cosa, de algo que casi me induce a desear que ocurra. Me has hablado de la posibilidad de quedar a solas con ella. Y si ocurre, ¿sabes para qué aprovecharé la oportunidad?
Maggie esperó en silencio y su esposo dijo:
—Lo veo con toda claridad.
—Es un asunto exclusivamente tuyo.
Pero las palabras del PrÃncipe la habÃan obligado a levantarse. Éste dijo:
—Y asà será. Le diré que la engañé con mentiras.
Maggie exclamó:
—¡Ah, no!
—Y le diré que lo mismo hiciste tú.
Maggie volvió a sacudir negativamente la cabeza:
—¡Menos aún!
Y de esta manera quedaron enfrentados, el PrÃncipe con la cabeza erguida, y con su feliz idea, rebosando vida. Luego preguntó:
—¿Y si no se lo digo, cómo lo sabrá?