La Copa Dorada

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Ésta era la manera como trataba a su esposa, de cuyas palabras, por lo menos en gran parte, hacía caso omiso. En beneficio de la economía generalmente considerada, recortaba y reducía el pensamiento de su mujer, de la misma manera que recortaba por ahorro, mediante tachaduras hechas con el último resto de un lápiz, los telegramas de la señora Assingham. Entre cuantas realidades había en el mundo, para él la menos misteriosa era la administración de su casa, que llevaba quizá con excesiva atención y con perfecto conocimiento de causa. Sus relaciones con esta realidad eran un cumplido ejemplo del arte de efectuar recortes. Y, volviendo al tema que nos ocupa, éste era precisamente el proceso que el coronel hubiera aplicado de buena gana a los pareceres de la señora Assingham acerca del problema que tenían ante ellos, a saber, sus relaciones con las posibilidades de Charlotte Stant. No, no debían invertir íntegramente en ellas su pequeña fortuna de curiosidad y de alarma. Ciertamente, no iban a gastarse precisamente en ellas sus queridos ahorros tan pronto. Además, el coronel Assingham simpatizaba con Charlotte, invitada ordenada y de fácil trato, quien, a su juicio, se parecía a él más de lo que pudiera parecerse su esposa, gracias a esa manera de ser de Charlotte, que tan eficazmente evitaba el despilfarro. El coronel Assingham podía hablar con ella sobre Fanny casi mejor de lo que podía hablar con Fanny sobre Charlotte. Sin embargo, por el momento, procuró ayudar en la medida de lo posible a su esposa, llegando incluso a formular la pregunta que hemos consignado anteriormente. Ahora prosiguió:


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