La edad ingrata
La edad ingrata La duquesa resultaba admirable, en conversación, por su forma de hacer caso omiso de cualquier cosa no esencial para conservar su presente plausibilidad:
—Una mujer como Lady Fanny no puede tener «base» para nada: para ninguna indignación, quiero decir, ni para ninguna venganza mÃnimamente digna de ese nombre. En este caso concreto, sea como fuere, ha sacrificado su base de una manera tan irresponsable que, en calidad de esposa afrentada, no ha tenido el buen sentido necesario para asegurarse a sus espaldas una o dos pulgadas en que apoyarse. Ahora ya no puede hacer absolutamente nada.
—Entonces, ¿es usted del parecer…? —Mitchy, que poseÃa, al fin y al cabo, sus escrúpulos, se contuvo como ante la vista de un epÃteto.