La edad ingrata
La edad ingrata Su interrupción fue claramente demasiado imprecisa para ser sincera, y como tal la recibió ella completando su propia frase:
—…nunca más le concederé tres minutos de atención. Responder de Fanny ante ti sin estar en condiciones de…
—…¿de responder de mà ante Fanny, quieres decir? —Él se habÃa sonrojado velozmente como si ya se hubiese esperado esto—. No te apetece, ¿es eso? Pues bien, espero que te aliviará —siguió con brÃo— saber que aborrezco completamente a la señora Donner.
Pasmada, la señora Brook recibió aquel anuncio mudando de color por entero:
—Y ¿desde cuándo, si me haces el favor? —Era como si un edificio se hubiera venido abajo—. Ella estuvo aquà hace muy poco, y estaba tan llena de ti, la pobre, como lo está de carne un huevo relleno.
El señor Cashmore no pudo menos que sonrojarse por ella:
—No digo que ella no lo estuviera. Mi vida se me ha convertido en algo abrumador a causa de ella.
Para un espectador, nada habrÃa podido resultar tan insólito como la decepción de la señora Brook a no ser la resolución de esta misma dama:
—¿Ya has terminado con ella?
—¡Uno nunca ha terminado con un moscón pelmazo…!