La edad ingrata
La edad ingrata —En Nápoles se desarrollan muy rápido. Sólo tiene diecisiete o dieciocho años, calculo; pero yo nunca discierno cuán adultas (o por lo menos cuán infantiles) son las muchachas, asà que no estoy seguro. Una tÃa, en todo caso, por supuesto no tiene nada que encubrir. Ella es extremadamente bonita, con una extraordinaria cabellera roja y una tez a tono: cosas muy infrecuentes, tengo entendido, en esa raza y esas latitudes. Me regaló el retrato ella misma… con marco y todo. El marco es bastante napolitano y la pequeña Aggie es encantadora. —Entonces Vanderbank completó—: Pero no tan encantadora como la pequeña Nanda.
—¿La pequeña Nanda? ¿La tiene usted a ella? —El anciano se mostró muy ilusionado.
—Está ahà junto a la lámpara: también un obsequio del original.