La edad ingrata
La edad ingrata La anfitriona se irguió —los otros se aproximaban— y le ofreció al señor Cashmore un semblante que a él tal vez le pareciera misterioso.
—Eso es grave —dijo ella.
—¿Grave? —Él no tuvo ojos para los otros.
—Ella no me lo habÃa contado.
Él emitió un sonido, controlado por la discreción, que no obstante fue de una Ãndole que hizo que el señor Longdon —quien se veÃa ante el señor Cashmore por vez primera— reaccionara con algo de la rigidez de una persona saludada con una risotada. Al señor Cashmore manifiestamente le habÃa agradado este silencio de Nanda sobre su encuentro.