La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XIV

La señora Brookenham, que lo presentó al más maduro de sus visitantes, halló asimismo, al servirles té a estos caballeros, ocasión de decirle en un aparte con irresistible intensidad:

—Entabla conversación con el señor Longdon: llévatelo ahí. —Ella le indicó el sofá del extremo opuesto de la estancia y le dio ejemplo tomando posesión por su parte, en el mismo asiento que hasta ahora había estado ocupando, de su «adorado». Vanderbank. Esta maniobra, empero, cuando la hubo concluido, constituyó para ella, en su propio rincón, el tema de una pregunta inmediata—: ¿Me odiará aún más por hacer esto?

Vanderbank les echó un vistazo a los demás, e inquirió:

—¿Cashmore, quieres decir?

—Cielos, no: me importa un bledo a quién odie él. Pero con el señor Longdon quiero evitar errores.

—¡Entonces no lo intentes tan drásticamente! —exclamó Vanderbank riendo—. ¿Es ése tu motivo para haberlo arrojado en brazos de Cashmore?

—Sí, exactamente… a fin de disponer de estos pocos minutos para solicitarte instrucciones; ya debes de conocerlo, a estas alturas, bastante bien. Lo único que anhelo, el cielo me asista, es ser con él lo más simpática posible.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker