La edad ingrata
La edad ingrata —Él solĂa charlar conmigo: recuerdo que me planteaba preguntas que yo no sabĂa contestar y me hacĂa sentirme totalmente abochornado. Pero yo le prestaba libros… en parte, palabra de honor, para hacerlo creer que, ya que yo los tenĂa, sĂ sabĂa alguna que otra cosilla. Él leĂa de todo y tenĂa mucho que decir acerca de todo. Yo solĂa decirle a su madre que Ă©l tenĂa un gran futuro.
Vanderbank meneĂł la cabeza triste y compadecidamente:
—Ciertamente lo tenĂa. Y recordará usted a Nancy, que era bastante guapa y normalmente iba con ellos —continuĂł.
El señor Longdon semejĂł tan inseguro que Ă©l explicĂł que se referĂa a su otra hermana; ante lo cual su compañero dijo:
—¿Ah, ella? SĂ, era encantadora; evidentemente tambiĂ©n ella tenĂa todo un futuro.
—Pues actualmente está inmersa en él. Está casada.
—Y ¿quién es su marido?
—Un sujeto apellidado Toovey. Un hombre que trabaja en la City.
—¡Ah! —dijo algo perplejo el señor Longdon. Después inquirió como para subsanar su perplejidad—: Pero ¿por qué la llama usted Nancy? ¿Su nombre no era Blanche?