La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Es que el señor Longdon desea adoptarte? —preguntó. Entonces con mayor celeridad y tristeza, aunque también un poco como desprovista de valor para seguir pidiendo información adicional, declaró—: Nosotros no soportaríamos renunciar a ti, Nanda.

—Muchísimas gracias, mamá. Pero no nos veremos sometidos a tan dura prueba —dijo Nanda— porque adónde todo va a parar parece ser a que en realidad soy yo quien está lo que tú llamarías adoptándolo a él. Me refiero a que poco a poco estoy cambiándolo… enseñándole gradualmente que, así como de ninguna manera yo habría podido ser diferente, y así como naturalmente hay un límite para las cosas a que se puede renunciar, la única salida que él tiene es dejar de preocuparse y cargar conmigo tal como soy. Eso, ¿no te das cuenta?, es lo que él nunca habría esperado hacer.

Hasta cierto punto la señora Brook aceptó la explicación, pero no se deshizo enteramente de su propia especulatividad:

—Pero… er… cargar contigo, «tal como eres», ¿adónde?

—Pues al museo de South Kensington.

—¡Ah! —dijo la señora Brook. Luego, sin embargo, con un tono más ejemplar, preguntó—: ¿Te lo pasas tan sumamente bien durante tus largos ratos con él?

Por unos instantes Nanda semejó preguntarse cómo expresarlo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker