La edad ingrata
La edad ingrata —Puedes opinar lo que quieras sobre Carrie, como bien sabes —repuso la señora Brook—, y lo mismo digo sobre el señor Cashmore; pero esta noche estoy rendida de admiración, como siempre lo he estado, ante el modo en que Tishy saca provecho de su propia fealdad. Yo lo denominarÃa, si la palabra no estuviese tan ligada a las sirvientas, la mayor «vistosidad» que he contemplado nunca.
—Hija mÃa —objetó la duquesa—, lo que tú calificas como sacar provecho de su propia fealdad es lo que yo calificarÃa como no esconder nada de su propia belleza. Sin duda, «vistosidad» es adecuadÃsima aplicada a Tishy, excepto que en su acepción vulgar se refiere más bien a un encanto artificial que a un estado de pura naturaleza. La vistosidad deberÃa tener su base en el atuendo. Pero Nanda más bien arrincona a Tishy.
Quizá más meditabunda de lo habitual, la señora Brook introdujo una leve matización:
—Le deja, aun asÃ, algo de espacio. Hablaré con ella.
—¿Con Tishy? —preguntó Vanderbank.