La edad ingrata
La edad ingrata CabÃa confiar plenamente en que a su flemático modo Edward tendrÃa conciencia de que el oráculo debe estar a la altura de la sacerdotisa:
—¿Que si «exigimos» a Nanda, Jane? A lo que no estamos dispuestos es a quedárnosla. —Como si supiera muy bien lo que hacÃa, Brookenham miró a su esposa sólo después de haber hablado.