La edad ingrata
La edad ingrata —Naturalmente no la he interrogado —contestó el joven.
—Entonces, ¿qué has hecho?
—Sencillamente me he dado un pequeño paseo.
Ante esto la señora Brook se mostró afligida para Mitchy:
—Mira a lo que hemos llegado. En tu época, ¿alguna vez se nos ocurrÃa «paseamos» salvo a guisa de nÃtido efecto de nuestros objetos bellos? Por favor regresa junto a Nanda —le dijo a Vanderbank— y dile que deseo muy particularmente que se nos una para este delicioso final de velada.
—Ya viene a unÃrsenos por voluntad propia —dijo la duquesa—, al igual que el señor Cashmore, y al igual que Tishy (voyez!), quien no ha logrado retener (¡bendita sea su pequeña espalda desnuda!) a nadie a quien no habrÃa debido retener. Dado que por ahora nadie más piensa unÃrsenos, resultarÃa bastante propicio a la intimidad que Tishy echara el cerrojo a la puerta.
—Pero ¿qué diablos, mi querida Jane —se maravilló consternada la señora Brook—, estás proponiéndonos que hagamos?
En su aprensión, la señora Brook habÃa mirado expresivamente a todos sus amigos, mas la mirada de la duquesa no erró más allá de Harold y Lady Fanny:
—Quizá ello servirÃa para impedir durante un rato más que los componentes de esa pareja huyan juntos.