La edad ingrata
La edad ingrata —¡Mitchy está silencioso, Mitchy está alterado, Mitchy está raro! —proclamó la señora Brook mientras los recién incorporados al grupo (Tishy y Nanda y el señor Cashmore, asà como Lady Fanny y Harold tras un instante y al percibir el desplazamiento de los otros) lo agrandaban hasta formar, con recÃprocas acomodaciones y ayudas, un agradable cÃrculo conversacional donde el protagonista del comentario de la proclamadora, sobre una baja otomana y mirando sombrÃamente a su extraño modo casi en todas las direcciones simultáneamente, se constituyó en el conspicuo centro de atracción. Tishy se colocó junto al señor Longdon; y Nanda, aún flanqueada por el señor Cashmore, entre este caballero y su esposa, quien tenÃa a Harold a su otro lado. Edward Brookenham estaba contiguo a su hijo y a Vanderbank, quien fácilmente habrÃa podido sentirse, a despecho de la distancia y teniendo en cuenta, como sucedÃa, sus respectivas ubicaciones en el cÃrculo, bastante públicamente encarado con el señor Longdon—. ¿Está en la otra habitación la esposa de Mitchy? —le inquirió ahora la señora Brook a Tishy.
Tras una larga mirada en derredor, Tishy volvió en sà para brindar explicaciones sobre dicha invitada:
—Oh, sÃ: está jugando con él.
—¿Con quién, querida?
—Caramba, pues con Petherton. CreÃa que tú lo sabÃas.