La edad ingrata
La edad ingrata —¡Oh, yo creo que aún somos bastante buenos! —replicó entonces.
Lo cierto es que la señora Brook pareció, después de una pausa y tomando a dirigirse a Tishy, ofrecer una involuntaria ilustración de ello, volviendo como tras una brevísima desviación sobre la cuestión transitoriamente relegada:
—Me siento obligada a decir, tanto más cuanto que no es algo que ignoréis, que no veo que haya nada que Aggie no pueda leer ahora. —De repente, sin embargo, su mirada a la informadora se impregnó de cierta preocupación—: El libro de marras, ¿es una obra muy monstruosa?
La señora Grendon, con tantas cosas estos últimos minutos propicias a hacerla resaltar, por fin se hizo destacadamente más presente:
—Eso es lo que afirma Lord Petherton. Por lo que sabe del autor.
—¿Así que Petherton quiere impedir que ella…?
—Sí: impedir que ella la lea primero. Creo que antes quiere comprobar por sí mismo si es adecuada para ella.