La edad ingrata

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—Si lo prefiriese —dijo la señora Brook— ya lo habría hecho. Sin duda la forma de que no parezca dicho de mi parte es no decirlo yo misma. Por lo demás, quiero quedarme aquí para ser la primera en recibirlo.

—Y ¿no puede ella saberlo más tarde?

—¿Después de que el señor Longdon se haya marchado? La finalidad es que ella lo sepa a tiempo para hacérselo saber a él.

Edward siguió hablando en dirección al fuego:

—Y ¿cuál es la finalidad de eso? —A ella la impaciencia, que se le acrecentó visiblemente, la hizo alejarse de nuevo; pero para cuando ella se detuvo junto a la ventana él ya había lanzado otra pregunta—: ¿Tantas prisas tienes de que ella sepa que Van no la quiere?

—¿Por qué las denominas prisas si llevo esperando aproximadamente un año? Nanda puede saberlo o no según se le antoje: puede saberlo en cuanto le dé la gana; si a estas alturas no lo sabe de sobra, es que es demasiado tonta para que ello pueda importar. Mi sola urgencia es por el señor Longdon. Ella le tendrá preparada la noticia cuando llegue.

—¿Quieres decir que Nanda se apresurará a contárselo?

Durante un momento, la señora Brook alzó la mirada hacia alguna elevada inmensidad:

—Se lo mencionará.


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