La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—…¿aquella velada en casa de la señora Grendon? Caray, es la primera vez que lo he preguntado.

La señora Brook se sumió en un silencio aún más denso.

—El señor Longdon la compadece por estar con nosotros —dijo por último.

Edward meditó:

—¿Por estar conmigo también?

—No tanto… pero de todas formas tú ayudas.

—Creía que creías que yo no había ayudado… aquella noche.

—¿En casa de Tishy? Oh, no fuiste un inconveniente —dijo la señora Brook—. Todo y todos ayudan. Harold manifiestamente —ella pareció representárselo todo—, e incluso los pobres niños, probablemente, un poco. Oh, en realidad todo el mundo —se puso más animada ante aquella visión—; es perfecto. Jane inmensamente, par exemple. Casi todos los demás que acuden de visita a esta casa. Cashmore, Carrie, Tishy, Fanny (¡benditas sean sus almas!), cada uno en su medida.

Bajo la influencia de esta exteriorización, Edward Brookenham se había levantado gradualmente de su asiento y, cuando su esposa hubo alcanzado esa parte de su proceso que aparentemente iba a consistir en aportar pruebas, se situó frente a ella y de espaldas al fuego diciéndole:

—Y Mitchy, supongo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker