La edad ingrata
La edad ingrata —Es lo mismo que dijo el señor Van. Dijo que estoy tratando de hacer carrera de ella.
—¿Eso dijo? —El visitante, aunque sin menoscabo de su diversión, pareció impresionado—. Debiste de compenetrarte con él bastante profundamente.
Ella volvió a recapacitar:
—Vaya, creo que sà que lo logré. Se mostró enormemente simpático y considerado.
—¡Huy —convino Mitchy—, puedes confiar en que siempre será asÃ!
—A raÃz de mi nota me escribió —perseveró Nanda— una contestación sumamente hermosa.
Otra vez Mitchy quedó impresionado:
—¿Tu nota? ¿Qué nota?
—Para pedirle que viniera. La escribà a principios de semana.
—Ah… entiendo —comentó Mitchy, como si eso ya fuese harina de otro costal—. En ese caso, desde luego, él no podÃa menos que venir.
Sin embargo su compañera tomó a meditar:
—No lo sé.