La figura de la alfombra
La figura de la alfombra Lo que le impulsó a enviarme su nota era que en realidad no querÃa ayudarnos en lo más mÃnimo: nuestra torpeza era algo tan perfecto en sà que no debÃa ser ni siquiera tocado. Se habÃa acostumbrado a depender de aquel hechizo, y si era necesario que se rompiera debÃa en todo caso ocurrir como consecuencia de su propia fuerza. El hombre que veo cuando recuerdo esta última ocasión —porque nunca volvà a hablar con él— es alguien que todavÃa tiene en reserva una gran capacidad de divertirse. Cuando me alejaba caminando estuve preguntándome quién podÃa haberle dado a él su pista.