La figura de la alfombra
La figura de la alfombra —Supongo que no pasará nada, ¿comprendes, no? —Viendo que mi actitud no era demasiado definida añadió—: Quiero decir que no harás ninguna tonterÃa.
—TonterÃas, ¡tratándose de Vereker! ¡Pero si siempre me parece de una inteligencia tremenda!
—Esta es justamente la tonterÃa que debes evitar. ¿Qué diablos significa «inteligencia tremenda»? Por Dios, trata de entenderle. Que no sea él quien pague nuestro arreglo. Si puedes, habla de él, ¿comprendes?, como yo lo hubiera hecho.
Me quedé dubitativo un momento:
—O sea, que es con mucho el más grande; una cosa asÃ, ¿no?
Corvick soltó algo que era casi un gruñido:
—No me entiendes. ¡Quedarse en las comparaciones serÃa la infancia del arte! El placer que me da es tan exquisito; lo que me hace sentir es algo… —reflexionó un momento—, una cosa especial.
Yo volvà a dudar:
—¿Qué cosa?
—Querido amigo, eso es precisamente lo que quiero que digas tú…