La fontana sagrada
La fontana sagrada Esto duró hasta que Long retornó con el mozo, así como con una dama por mí desconocida y a quien por lo visto él había comentado que en nuestro vagón podría acomodarse a su satisfacción. El mozo llevaba en efecto el neceser femenino, que dejó sobre un asiento y cuya colocación enseguida dejó libre a la dama para dirigírseme con un reproche:
