La Lección del maestro
La Lección del maestro —Esa es mi hija, ésa de enfrente —dijo el General sin pérdida de tiempo. Overt vio a una chica alta, de magnÃfico pelo rojizo, con un vestido de un bello tono verde grisáceo y una sedosa caÃda, una prenda que claramente eludÃa todo efecto moderno. Por tanto, tenÃa en cierto modo el sello de la última novedad, y nuestro observador no tardó en considerar a la joven como a una persona contemporánea.
—Es muy hermosa, muy hermosa —repitió mientras la estudiaba. HabÃa algo noble en su cabeza, y ofrecÃa un aspecto fresco y fuerte.
Su buen padre la observó con complacencia, comentando en seguida:
—Da la impresión de estar acalorada... eso es el paseo. Pero pronto se recuperará. Entonces haré que se acerque y hable con usted.
—SentirÃa causarle esa molestia. Si usted me llevara allÃ. —murmuró el joven.
—Mi querido señor, ¿supone usted que eso me molestarÃa? No lo digo por usted, sino por Marian —añadió el General.
—Yo me tomarÃa la molestia por ella al instante —replicó Overt; después de lo cual continuó—: ¿Será tan amable de decirme cuál de esos caballeros es Henry St. George?
—El tipo que está hablando con mi hija. Caramba, está flirteando con ella. Se van a dar otro paseo.