La Torre de Marfil
La Torre de Marfil Ella se tomó un instante más para pensar; luego sus ojos fueron más allá de la gran extensión lisa tras la que las indescriptibles excrecencias que formaban la “casita” de Gussy, vastas y floridas, acompañadas de toda su cohorte de protuberancias, frontispicios y pináculos, daban fe, aunque con confusos acentos, de su monstruosa identidad. El panorama, después de todo, pareció infundirle resolución.
—Y ahora, ¡a por Cissy! —dijo, sin arrugarse.