La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —¿De verdad está mejor? —entonces su perplejidad se amplió—. ¿Les ha preguntado, dice usted?
—Bueno, su enfermera, o lo que yo tomo por tal —dijo Davey—, viene con él; al parecer, para darle su experta opinión.
—¿De la recuperación de ese demonio? —gimió Cissy, en un aullido; y luego, ante la perplejidad de su amiga—: ¡Qué horror! —añadió.
—¿Qué enfermera, por favor? —preguntó Rosanna a Davey.
—¿Cuál va a ser? ¿No tiene él una enfermera? —Davey, como siempre, no querÃa sino claridad—: sea como sea, ése es el trabajo que hace a su lado.
En lo cual hizo presa de inmediato el ingenio juvenil de Cissy.
—¡Es una de las del señor Betterman, dándose un paseÃto para celebrar su recuperación! ¿Han oÃdo alguna vez algo mejor?
Se habÃa dirigido por igual a todos sus amigos, pero Rosanna, ante la fuerza de la sugerencia, se adelantó:
—Entonces es papá el que debe de estar enfermo —declaró la señorita Gaw, trasladándose rápidamente a la zona en la que tan incongruentemente aguardaba éste y deparándole a Davey la ocasión de apuntar una rápida moraleja en beneficio de Cissy, mientras la pareja iba en pos de ella: