Las alas de la paloma

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Lo demostró enseguida en respuesta al franco «¿Y bien?» de Kate. La pregunta, planteada con la vehemencia habitual de Kate, se refería, por supuesto, a lo sucedido aquella mañana, a la última prueba de sabiduría del gran hombre, y sin duda afectó un poco a Milly, como la alegre demanda de noticias puede afectar a un espíritu turbado cuando las noticias no están preparadas para ser comunicadas de alguna forma bonita. No habría sabido decir con exactitud qué fue lo que la decidió en ese mismo instante; tal vez la explicación más aproximada habría sido que fue una impresión más vívida de todo lo que su amiga daba por supuesto. El contraste entre esa libre cantidad y el laberinto de posibilidades en el que ella, desde hacía horas, se esforzaba por abrirse camino, tenía tal crudeza que ni siquiera sus modales amistosos sirvieron para atenuarlo: de hecho, la ayudó a comprender que no tenía nada que decirle. Aparte de lo cual, hubo sin duda algo más, una influencia si cabe menos clara en esa particular situación. Kate había perdido, al subir, la apariencia que despertaba en su joven anfitriona tan sutiles reflexiones y una de cuyas características era que apenas duraba unos segundos; sin embargo, ahí estaba, en todo su esplendor y su fuerza, convertida otra vez, antes que nada, en la «joven guapa» por la que la había tomado agradecida Milly la primera vez, y recibirla en tono quejoso habría equivalido a una rendición y una confesión. Ella nunca estaría enferma; el mejor médico del mundo apenas le dedicaría, en el peor de los casos, unos minutos; y fue como si hubiera preguntado desde esa inmunidad por todo lo que era mortal en su amiga. Todas estas cosas danzaron su peculiar danza en el interior de Milly, pero la vibración que produjeron y el polvo que levantaron duraron menos que lo que hemos tardado en contarlo. Antes casi de darse cuenta, respondió con desenvoltura, sin tener la conciencia de estar mintiendo, y con una súbita llamarada de la famosa «fuerza de voluntad» de la que tanto había leído y oído hablar y que era lo que le había aconsejado su médico.


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