Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Inesperadamente, sus palabras tuvieron, gracias a un súbito cambio en la actitud de Kate, un efecto afortunado. Se había puesto en pie y Kate se plantó delante de ella brillando con un fulgor más atenuado. La pobre Milly pudo comprobar así por qué a menudo la gente, aunque torciera un poco el gesto, se dejaba conmover por ella.
—Porque eres una paloma.