Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¿Por qué, de ser cierto, no se vuelve ya a casa esa buena mujer? Estará preocupada y aquà ya ha cumplido de sobra.
—Creo —observó Densher— que ha cumplido más que de sobra. —Tuvo la impresión de que Kate lo miraba aún con más dureza; pero ella se explicó enseguida:
—Su preocupación probablemente tenga dos motivos. Uno la impulsa a volver, pero el otro la obliga a quedarse. Milly le ha encargado que se lo cuente todo de ti.
—En ese caso —dijo el joven, entre la risa y el suspiro— me alegro de haber sentido, cuando estábamos abajo, cierta atracción por ella. ¿No te parece que he sido muy amable?
—Mucho. Tienes intuición, malvado. Todo va bien —declaró Kate.
—Excepto tal vez —sugirió él con cinismo un instante después— que ahora no está viendo nada bueno de mÃ. ¿Le hablará de esto a Milly? —Y luego, como Kate pareció preguntarse a qué se referÃa con lo de «esto», añadió—: Lo de nuestro presente desprecio de las apariencias.