Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¡Ah, déjame a mà las apariencias! —Lo dijo con altivez—. Yo lo arreglaré. Además —añadió—, la tÃa Maud la tiene tan absorbida que no lo notará. —Densher sintió, al oÃrla, que su compañera tenÃa de hecho una perspicacia que él no podÃa igualar: por ejemplo cuando agregó—: Y la señora Stringham parece que le responda para dar justo esa impresión.
—¡En fin —comentó Densher con humor—, la vida es muy interesante! Espero que lo sea tanto para ti como haces que lo sea para los demás; sobre todo a juzgar por lo interesante que haces que sea para mÃ. Tengo la sensación de que crees que es igual de emocionante para ces dames[34] cada una a su manera: la tÃa Maud, Susan Shepherd, Milly, Pero ¿qué le ocurre? —concluyó—. ¿De verdad está tan mal?
Al principio fue como si el semblante de Kate diera a entender que estas despectivas palabras no merecÃan respuesta; luego pareció ceder a una necesidad propia: la necesidad de dejar claro que «tan mal» era la peor descripción que podÃa darse de su estado. Si hubiese estado tan enferma como parecÃa difÃcilmente habrÃa podido tener relevancia para ellos, pues en ese caso su fin estarÃa próximo. No obstante, ella se creÃa —y Kate no podÃa sino creerlo también— gravemente amenazada. ConvenÃa tener presente que las dos damas habÃan estado a punto de dejar la ciudad y se habÃan quedado.