Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Lo dijo con una impaciencia, que acentuó al ponerse de pronto en pie; a pesar de lo cual él se quedó en su sitio y se limitó a mirarla.
—¡Eres prodigiosa!
—Pues ¡claro que soy prodigiosa! —y enseguida tuvo ocasión de demostrárselo mientras él seguÃa mirándola. La puerta del recibidor se habÃa abierto para dejar pasar a un caballero que, nada más verla, fue a saludarla antes de que el anuncio de su nombre pudiera llegar a oÃdos de su compañero. No obstante, Densher se vio introducido muy pronto en la conversación; pues la bienvenida que ofreció Kate al visitante se convirtió casi precipitadamente en una llamada de auxilio a su amigo, que respondió levantándose despacio.
—No sé si conoce a lord Mark —y luego añadió dirigiéndose a la otra parte—: El señor Merton Densher, recién llegado de Norteamérica.