Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Densher esbozó una sonrisa que a él mismo le pareció un poco rara.
—Y ¿en qué va ayudarme eso a m�
—Iremos a algún sitio cerca de ellas, y usted vendrá a visitarnos.
—¡Ah! —exclamó un tanto cortado.
—Yo me encargaré. Quiero decir que le escribiré.
—¡Ah, gracias, gracias! —se rio Merton Densher. La señora Lowder estaba sin duda poniendo a prueba su honorabilidad, y su honorabilidad torció el gesto al ver con cierta impotencia el uso que ella pensaba darle—. Hay muchas cosas —dijo con vaguedad— que tener en cuenta.
—Sin duda. Pero una de ellas es primordial.
—Y ¿cuál es?, si puede saberse.
—Pues la importancia de que no desperdicie usted la ocasión de su vida. Le estoy tratando muy bien, se lo estoy poniendo fácil. Puedo… puedo allanarle el camino. Es encantadora, es inteligente y es buena. Y su fortuna es una auténtica fortuna.
¡Ah, asà era la tÃa Maud! Las piezas encajaron cuando entendió que estaba comprándolo, y comprándolo —habrÃa sido gracioso, de no haber sido tan grave— con el dinero de la señorita Theale. Con desdén, se aventuró a considerarlo una extravagancia.
—Le agradezco mucho su generosa oferta…