Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Hablaba con un tono de fatiga racional que daba a su propia falta de flexibilidad, su incapacidad de contentarla, un aspecto insuficiente y feo; por lo que recordó de pronto que le faltaban esas cosas de las que a cualquier hombre sensible, tan comprometido, tan implicado, le habrÃa gustado hacer gala: imaginación, tacto y desde luego incluso humor. La circunstancia sin duda es rara, pero la verdad es pese a todo que lo que más le preocupaba en ese trance era: «¿Y si empiezo a parecerle aburrido a esta criatura?». Y, al cabo de unos segundos, se tradujo en:
—¡Si vuelves a jurar que me quieres…!
Ella miró hacia la puerta y la ventana, como si le estuviese pidiendo más de lo que decÃa.
—¿Aqu� Aquà no hay nada entre nosotros —dijo con una sonrisa.