Las alas de la paloma

Las alas de la paloma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Milly se preparó, aun siendo consciente sobre todo, por el momento, de la gran compasión que le inspiraba su amiga. Comprendió que combatía, con toda su naturaleza, contra la traición de la lástima, que en sí misma, dada su naturaleza, sólo podía ser una tortura. Milly dedujo de esa pugna lo intensa que era su lástima y que la señora Stringham sufría tanto en su ternura como en su conciencia. Lo hermoso y lo extraordinario fue que esa sensación sirviera para infundirle ánimos a la joven. Después de preguntarse apesadumbrada sobre qué base, una vez retirada la barrera, podrían estar juntas, sintió que podía responder con un alivio que casi era alegría. El fundamento, el fundamento inevitable, era que iba a compadecer a Susie, que, según todos los indicios, había sido condenada de forma mucho más incómoda a compadecerse de ella. El pesar de la señora Stringham haría sufrir a la señora Stringham, pero ¿cómo iba a hacer sufrir a nadie el suyo? La pobre joven tuvo, en cualquier caso, en ese momento, cinco minutos de exaltación en los que intercambió los papeles con su amiga con un pase de manos, un gesto de una energía que creó una corriente de aire.

—¿Kate ha notado que estabas preocupada por la visita de sir Luke Strett? —preguntó.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker