Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Por supuesto, si hay algo que pueda hacer por su amigo: me refiero al caballero del que me ha hablado…
Dejó claro, en suma, que estaba dispuesto.
—¡Oh! ¿El señor Densher? —Era como si lo hubiese olvidado.
—El señor Densher… ¿Asà se llama?
—SÃ… pero su caso no es tan horrible. —En menos de un minuto se habÃa librado del asunto.
—Sin duda… si usted esta interesada en él. —Se habÃa librado, pero fue como si él viese en sus ojos, aunque ellos también se habÃan desinteresado, una razón para recordárselo—. De todos modos, si hay algo que pueda hacer uno…
Ella lo miró mientras pensaba, mientras sonreÃa:
—Me temo que en realidad no hay nada que pueda hacer uno.