Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Era un joven inglés bastante alto, rubio y delgado, no del todo imposible de encasillar en ciertos detalles, como por ejemplo que era un caballero, y más concretamente uno educado, correcto y cortés, aunque, sin llegar a ser extraordinario o anormal, no acababa de revelar sus cartas al observador. Era joven para la Cámara de los Comunes y desgarbado para el ejército. Podría decirse que era demasiado refinado para la City y, a pesar del corte de su traje, demasiado escéptico para la iglesia. Por otro lado, era demasiado crédulo para la diplomacia, y tal vez incluso para la ciencia, y, al mismo tiempo, demasiado sensato para la poesía y no lo bastante para las artes plásticas. Podías creer estar acercándote a él al identificar en sus ojos el potencial para reconocer ideas, pero volverías a alejarte al preguntarte por dichas ideas. Lo malo de Densher era que parecía distraído pero no débil, ocioso pero no superficial. Tal vez fuese por la circunstancia de sus largas piernas, que tendían a extenderse, por el cabello lacio, no siempre bien peinado, y por la bien conformada cabeza que echaba atrás, en el momento más inesperado, sobre las manos entrelazadas, para entrar en períodos de desmedida comunión con el techo, las copas de los árboles, el cielo. Era, en suma, distraído, de una inteligencia irregular, capaz de dejar lo que tenía cerca para ocuparse de lo que estaba lejos y, por lo general, más dado a criticar las costumbres que a respetarlas. No obstante, evocaba, por encima de todo, ese maravilloso estado de la juventud en que los elementos, los metales más o menos preciosos, se hallan en tal estado de fusión y fermentación que el proceso de estampa final, la presión que fija el valor, debe esperar a que se produzca un relativo enfriamiento. Y la marca de esa mezcolanza tan interesante era que su irritabilidad obedecía a una ley muy sutil, que, aunque no fuera fácil, convenía conocer a la perfección para relacionarse con él. Y uno de cuyos efectos era que tenía sorprendentes reservas tanto de tolerancia como de mal genio.