Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Kate encontró un nuevo pretexto en la cercanía de su amiga: Densher estaba jugando con su orgullo. Nunca, comprendió entonces, había saboreado en su relación con ella nada tan intenso, demasiado intenso para ser dulce, como la vivacidad con que comprendió que era él quien dominaba la situación.
—Está bien, acepto.
—¿Palabra de honor?
—Palabra de honor.
—¿Irás?
—Iré.