Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Merton Densher no hacía más que repetirse desde hacía mucho tiempo que sería un idiota si no se casaba con una mujer cuyas virtudes fuesen determinadas cualidades distintas de las suyas; y Kate Croy, aunque no había filosofado tanto, reconoció enseguida en el joven una preciosa diferencia. Representaba lo que la vida no le había dado y lo que, desde luego, nunca le daría sin la ayuda de alguien como él: las cosas vagas y elevadas que para ella pertenecían al mundo del espíritu. Densher le parecía rico, fuerte y misterioso en esa faceta, y le había hecho en especial el inmenso favor de convertir este elemento en algo concreto. Toda su vida había tenido que darlo por supuesto, pero nunca había encontrado a nadie que pudiera ofrecer un testimonio directo. Habían llegado hasta ella vagos rumores de su existencia; pero, en conjunto, todo parecía indicar que viviría y moriría sin tener ocasión de comprobarlo. La ocasión había llegado —fue algo extraordinario— el mismo día que conoció a Densher; y en honor de la joven hay que reconocer que supo en el acto en presencia de lo que se hallaba. Tal oportunidad, de hecho, merecía ser memorable por todo lo que floreció enseguida a partir de ella; la sensibilidad de Densher se unió a la de la joven y estuvo a la altura de su propio reconocimiento. Después de haber llegado tantas veces a la conclusión de que tenía cierta debilidad, como él la llamaba, a la hora de enfrentarse a la vida —pues su fuerte era el pensamiento—, opinaba, como es lógico, que era la vida lo que debía de algún modo anexionarse y poseer. Era ésta una necesidad tan grande que, pensada por sí misma, sólo conducía al vacío; era del aire inmediato de la vida de donde debía sacar su aliento. Así que el joven, ingenioso pero receptivo, crítico pero también ardiente, comprendió su caso y el de Kate Croy. Se habían visto por primera vez antes de la muerte de la madre de Kate, y la ocasión fue para ella el último placer que le permitió el inminente suceso; después los meses oscuros interpusieron una pantalla y, al menos para Kate, juntaron el final con el principio.