Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Hace unos dÃas quise creer que habÃa conseguido algo.
Pocas respuestas le habrÃan comprometido tanto.
—Me temo que le hemos hecho perder el tiempo.
—Pues sÃ. Pero precisamente me quedo para recuperarlo.
—Pues no se preocupe usted por mÃ.
—Ya verá —dijo intentando afectar desenvoltura— lo poco que pienso preocuparme por nada.
—Necesitará usted —Milly se zambulló enteramente en la cuestión— la mayor parte del dÃa.
Él reflexionó un instante: hizo cuanto pudo para adornarlo con sonrisas.
—¡Oh!, me apañaré con la peor parte. La mejor se la reservaré a usted.