Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¡Ah! —suspiró una vez más lentamente Kate, aunque con una vaguedad que le animó a continuar.
—Ahora se ve que vivÃa por pura fuerza de voluntad… justo como me dijiste.
—Lo recuerdo. SÃ.
—Pues bien, su fuerza de voluntad se quebró, y el colapso lo causó el golpe ruin de ese sujeto. El muy canalla le dijo que tú y yo estamos comprometidos en secreto.
Kate le miró indignada.
—¡Pero si él no lo sabe!
—Eso da igual. El caso es que Milly lo sabÃa cuando él se marchó. Además —añadió Densher— sà que lo sabe. ¿Cuándo —continuó— fue la última vez que lo viste?
Pero ella estaba absorta en la imagen que se habÃa alzado ante sus ojos.
—¿Por eso ha empeorado?
Densher notó cómo aumentaba su sombrÃa belleza a medida que lo iba entendiendo. Luego repitió las palabras de la señora Stringham:
—Se pasaba el dÃa mirando la pared.