Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Él tardó un poco en asimilar su manera de hablar. Por supuesto, tenÃa que tener presente que Kate siempre simplificaba las cosas, volvió a notar hasta qué punto sus energÃas, comparadas con las suyas, hacÃan que muchas cosas le parecieran fáciles; lo cual habÃa despertado muchas veces su admiración.
—Bueno, si quieres saberlo, y me gustarÃa ser lo más claro posible, ni siquiera consideré seriamente negárselo a la cara. Me dejaron muy claro que tal vez podrÃa salvarle la vida; pero cada vez que lo pensaba acababa descartándolo. Además —añadió—, no habrÃa servido de nada.
—¿Insinúas que no te habrÃa creÃdo? —habÃa respondido con tanta presteza que a él casi le pareció poco sincera, pero se contuvo ante la gravedad de su suposición y ella prosiguió—: ¿Lo intentaste?
—Ni siquiera tuve ocasión.
Kate siguió haciendo gala de unos modales exquisitos, para tenerlo todo delante y al mismo tiempo guardar las distancias.
—¿No quiso verte?
—No después de que tu amigo fuese a visitarla.
Ella dudó.
—¿No podÃas escribirle?
Densher reflexionó, pero en un sentido diferente.
—Se pasaba el dÃa mirando la pared.